Sin Coincidencias

Los más viejos del barrio son los que más saben (supuestamente); pero Ester, mi querida vecina, siempre me pregunta cuantas veces uno puede enamorarse. Yo sólo le comenté lo que imaginaba cuanto estaba en mis primeras décadas. Y claro, le conté sobre  el amor de mi vida. Comencé hablando de Antony, ese chico hermoso con una cabellera castaña clara, y con unos ojos que a cualquier chica haría suspirar. En cambio, para mí, Antony sólo era un niño lindo al que nunca saludé, nunca me atreví. Siempre lo vi como si estuviera en mis mejores sueños, lamentablemente me mudé, pero la historia no termina allí.

Como no acordarme de “Arena Blanca”, ese lugar nunca lo olvidare. Viví dos años y descubrí que no era yo la única que miraba a los niños lindos y de bonitos ojos, sino que ellos también me miraban. Que susto para mi, claro, a esa edad, pero con el tiempo me fui acostumbrando a que me digan: “Dulce, pero como has cambiado, cada día te ves mas linda, dime cuantos años tienes”. ¡Por Dios!, que elogios, y sin darme cuenta ya no era tan niña como lo pensaba, y cuando me di cuenta de cual era mi realidad, comencé a preguntar a las chicas experimentadas que hacer en esas circunstancias (comprometedoras para mí). Al final, todas me decían lo mismo; de una manera u otra manera, cada una a su estilo. Todas me decían que debía ganar experiencia; mejorando sus palabras, flirtear con varios chicos a la vez; pero no me identifique con ninguna. Decidí refugiarme en la imaginación, y crear una persona que supiera lo que quiero, que tenga unos lindos ojos.

De pronto la imaginación se convirtió en realidad, cuando ya tenía 18 años. Mientras las demás ya eran experimentadas, yo me había dedicado a imaginar mi persona ideal. Recuerdo que un día del 2do ciclo de la universidad (no viví sólo de imaginaciones) estaba en la biblioteca buscando un libro sobre psicología, y me encontré con un chico de ojos claros. Obviamente que esos ojos eran lindos, tenía una cabellera clara y una linda sonrisa. Lamentablemente pasó frente a mí con una chica a su costado. Conversaban, me quedé mirándole por buen rato, después me retire rogando a Dios que ese chico esté en mi facultad y que tenga amistad con alguna de las personas que conozco. En fin. Pasaron los días pero siempre recordaba a ese chico tan lindo con ojos claros y cabellera castaña. Un día llegué a la biblioteca y las mesas estaban copadas, cosa inusual en ese lugar. Aunque parezca salido de un film o telenovela sólo había una mesa con un solo asiento vacío. Me senté apresuradamente, temiendo que alguien me gane el lugar. No me di cuenta que el chico de ojos claros y cabellera castaña estaba sentando a mi costado. Me percaté de él cuando fui a buscar un libro. Muy asombrada lo miré. En sus manos tenía un cuaderno con puntos sobresalientes, y miraba fijamente al frente. En ese instante me di cuenta que era ciego, tomé valor para saludarlo y comenzamos a conversar.
Le pregunte su nombre, y el me respondió: “me llamo Antony”.
En ese momento recordé al niño que me hacia soñar despierta (cuando era una niña), pero me dije que era una simple coincidencia. “No creo que sea él, como lo recuerdo, no era ciego”, me dije
Yo: ¿en qué facultad estas?.
Antony: en educación.
Yo: me llamo Dulce y que coincidencia, yo también estoy en la misma facultad.
Antony: ¿crees en las coincidencias?.
Yo: Claro, es una coincidencia que estés en mi facultad.
Antony: Creo que no. Hasta ayer no creía en las coincidencias.
Yo: No te entiendo.
Antony: nunca pensé que la chica de la cual yo estuve siempre enamorado me encontraría  hoy.
Yo: ¿pero como? De quien estabas enamorado.
Antony: ¿no me recuerda? Soy Antony. Cuando éramos niños, yo te miraba pero no te hable. Tenía vergüenza. Me parecías una niña muy linda, muy especial y diferente. Cuando te fuiste a Arena Blanca, nunca dejé de pensar en ti.
Yo: ¿Como sabes que soy la misma?
Antony: nunca olvidé tu voz. Después de que te mudaras sufrí un accidente, y perdí la vista, pero nunca olvidé tu voz. Esa voz que me hacia soñar despierto, siempre trataba de acercarme a ti para escucharte hablar.
Yo (nerviosa): esto no puede ser posible, estoy confundida… Adiós. (Me levanté y salí corriendo)
Antony (gritando): recuerda que no creo en las coincidencias… Adiós.
Me sentí tan confundida. No podía creer que el fuera el niño de ojos bellos, y que tiempo después quedara ciego. Nunca más creeré en las coincidencias. Todo este tiempo había imaginado a una persona para mí. Una igual a él, nunca lo olvide, siempre estuvo en mi corazón.

Pocos días después lo volví a encontrar en la biblioteca, pero esta vez la biblioteca estaba casi vacía. No iba por un libro, iba para verlo. Me dijo: “siempre imagine a una persona como tú, alguien parecida a ti, pero nunca la encontré”. Me pidió que le hablara, que esta vez no me vaya corriendo. “Quédate, los ciegos también podemos hablar”, me dijo.
Le conté todo lo que viví en Arena Blanca, el día que volví al barrio, y que es lo que imaginaba siempre. Cultivamos una linda amistad, nuestros sentimientos se acrecentaron, y poco tiempo después estábamos juntos. Igual a la frase de Forrest Gump: “como pan y mantequilla”
Cuando terminamos la universidad, nos comprometimos, y pasó por un tratamiento para recuperar la vista. Lamentablemente no la pudo recuperar – era irremediable –
Me dijo: “Un ciego también puede amar, nos quedamos sin vista, pero el corazón sigue latiendo. Quizá no distinguimos los colores o las imágenes, pero sabemos escuchar los corazones y el tuyo late fuerte cuando estamos juntos. Yo te quiero, y no quiero separarme de ti, pero si crees que un ciego no te amará como otro ser humano puede irte. No hay compromiso de por medio, sólo el del cariño y el amor”.

Ya no creo en coincidencias, todo sucede por algo. Seguiré a tu lado para tomar tu brazo mientras caminas, evitando que tropieces. Tal vez así te enamores más de mí”, le contesté.
La tarde terminó con cálido beso.

Así terminé de contarle, a doña Ester, lo que me pasó . A mi entender: uno puede tener varias experiencias de amor, o simplemente vivir emociones con diferentes personas, recuerdos que servirán para aprender, pero el amor será para toda la vida. Le doy gracias a mi vecina porque ha despertado en mi lo que siempre quise: imaginar como será mi vida en el futuro. Hace dos días Antony me pidió matrimonio, desde hoy comenzaré a imaginar mi vida a lado de él. Con el tiempo yo, Dulce, seguiré contando mi historia.


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