A la Soledad

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Me encuentro a lado de mi querida soledad. Pues, si no tengo a quien querer entonces la quiero a ella. Y como suele decir Andrea, la soledad es mejor acompañante que ciertas personas. A veces no quiero estar con nadie, quiero estar sola, quiero ser, solamente, mi soledad y yo. Aunque digan que no es bueno ser solitarios, en muchas ocasiones, al final, quedamos solos.

Ayer, antes de dormir estuve acompañada de mi inigualable soledad. Pensaba que vivir sin ella seria vivir con todos. Pero como ya he dicho, de una u otra manera todos se irán, y la fiel soledad volverá a mí. Ella nunca se irá, esperará paciente hasta que todos me dejen, y aunque siempre desee estar con todos, en el fondo siempre querré estar sola.

Hoy quisiera estar con todos (los amigos que no veo, toda mi familia y todos los que no están cuando estoy con mi soledad), pero aunque me acostumbre a la compañía de ellos, prefiero estar sola. Tal vez porque cuando estoy sola pienso mejor que cuando estoy acompañada. Porque cuando estoy sola mis pensamientos fluyen mejor, pienso en mí, no en los demás. Porque al final de mis días solo quedarán mis pensamientos y no quiero dejar pensamientos sobre otras personas, sino solo míos… Perdón, míos y de mi querida soledad.

Mañana querré estar con todos, quiero ver (o leer) como las personas copian sus pensamientos, quiero ver su hipocresía, quiero ver mentiras. Así aprenderé de ellos las cosas que no quiero hacer o ser.

Como lo dije, hoy estoy al lado de mi querida soledad, pues si no tengo a quien querer, la quiero a ella.


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marzo 1, 2008 at 12:49 am Deja un comentario

Sin Coincidencias

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Los más viejos del barrio son los que más saben (supuestamente); pero Ester, mi querida vecina, siempre me pregunta cuantas veces uno puede enamorarse. Yo sólo le conté lo que imaginaba cuando estaba en mis primeras décadas. Y claro, le conté sobre  el amor de mi vida.  Comencé hablando de Antony, ese chico hermoso con una cabellera castaña clara, y con unos ojos que a cualquier chica haría suspirar. En cambio, para mí, Antony sólo era un niño lindo al que nunca saludé, nunca me atreví. Siempre lo vi como si estuviera en mis mejores sueños, lamentablemente me mudé, pero la historia no termina allí.

Como no acordarme de “Arena Blanca”, ese lugar nunca lo olvidare. Viví dos años y descubrí que no era yo la única que miraba a los niños lindos y de bonitos ojos, sino que ellos también me miraban. Que susto para mi, claro, a esa edad, pero con el tiempo me fui acostumbrando a que me digan: “Dulce, pero como has cambiado, cada día te ves mas linda, dime cuantos años tienes”. ¡Por Dios!, que elogios, y sin darme cuenta ya no era tan niña como lo pensaba, y cuando me di cuenta de cual era mi realidad, comencé a preguntar a las chicas experimentadas que hacer en esas circunstancias (comprometedoras para mí). Al final, todas me decían lo mismo; de una manera u otra manera, cada una a su estilo. Todas me decían que debía ganar experiencia; mejorando sus palabras, flirtear con varios chicos a la vez; pero no me identifique con ninguna. Decidí refugiarme en la imaginación, y crear una persona que supiera lo que quiero, que tenga unos lindos ojos.

De pronto la imaginación se convirtió en realidad, cuando ya tenía 18 años. Mientras las demás ya eran experimentadas…

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febrero 14, 2008 at 1:20 am Deja un comentario

Amor a la carta

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Hola amor – aunque lamento decirte amor – Discúlpame por tratarte como lo que eres para mí… Sí, mi amor. Pensé en ti hoy, como lo hago todos los días. No entiendo porque te quiero tanto, mi corazón no cambia este sentimiento por un recuerdo, un simple recuerdo. Lo único que reclamo de ti, es que me hiciste quererte demasiado, y ahora ya no estás a mi lado. Me hiciste sentir amada…

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febrero 13, 2008 at 5:39 am 1 comentario

Somnus

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Desde la ventana del metro Esteban procuraba ver si Alejandra había llegado antes que él a la cita inesperada. El corazón le latía a más no poder y a pesar de que la adrenalina recorría su cuerpo no podía moverse y repasaba en la mente una y otra vez que le díría cuando esté frente a esos ojos color miel y esos labios tentadores que parecían dibujados por un famoso pintor de antaño.
Por fin el metro llegó a su destino, Esteban bajó raudo y corrió al lugar, tomó su móvil y llamó a Emilio para saber si todo iba en orden. La contestación del otro lado de la plaza fue positiva, pero la dama no se acercaba.
El día estaba por fenecer y el sol se ocultaba detrás de las palmeras. Parecía que la naturaleza jugaba a favor de Esteban. El viento era suave…

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febrero 13, 2008 at 5:28 am Deja un comentario

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