Noche culpable.

La noche ha comenzado, el sol se ha ocultado, no sé por donde, pero lo extraño. No quiero que las luces de la ciudad me inunden, no quiero que el viento sople tan fuerte que me obligue a abrigarme o a meter las manos al bolsillo. No quiero que el día termine y esperar doce horas para verlo otra vez.
No es que me importe el sol, sino que no quiero que los temores me asalten otra vez, que la soledad me acompañe entre las paredes, que el único ruido que escuche sea el de un aparato electrónico y el de los automóviles rondando en el vecindario.
Quiero contagiarme del cielo despejado, sin tantas ideas. Quiero oler el pan recién hecho y saborear el café humeante de las mañanas. Pensar sólo en el trabajo del día y concentrarme en eso, sólo en eso. Quiero que la tarde llegue con el almuerzo entre colegas o amigos, que los móviles repiquen a cada momento, que las oficinas sean un loquerío y sin embargo estar a gusto en ello, que el sol no se meta y el reloj se detenga como cuando los iraelitas mataron a sus enemigos.
No quiero que la noche llegue con sus sombras, a contagiarme de soledad o melancolía. No quiero que la noche no se acerque robándome esea concentracion. No quiero pensar en el amor, en las curvas de la mujer que me cautivó y hoy no está a mi lado. No quiero escribir sobre eso, pero la nochen es culpable de que mis dedos corran por si sólos sin hacerle caso a las órdenes de mi cerebro, sino a las del corazón. No quiero soñar con ella a mi lado, cenando conmigo o riéndonos juntos otra vez, como semanas atrás donde una mirada era propicia para luego desenfadranos de amor.
Que la noche no venga hoy, que el sueño no me persiga, que las estrellas no aparezcan en mi camino, que no se me obligue a tomar un microbues o un taxi para llegar a casa, porque la fiel PC estará esperando otra noche con mis dedos para escribirle cartas que nunca entregaré, que ella nunca leerá y su email nunca recibiá.
Bienvenido el día, pero que no se acabe por favor, porque ella que fue mi amor ahora es mi fobia, ella que fue mi musa ahora es mi espiración, ella que fue mi beneficio ahora es mi decepción. Por eso no quiero que llegue la noche, para no recordar su perfume, su delicadeza, su humor. Por eso no quiero que las sombras inunden el día, para no imaginar que sus labios besan a otro, que sus manos acarician otro rostro y sus brazos abrazan otro cuerpo. Más alla tampoco quiero imaginar.
Culpo a la noche, ella es culpable. Culpable de que yo la recuerde, de que la tenga presente. Culpo a la noche de este escrito que no puedo romper yq ue muchos leerán. Quiero renunciar a ella, pero no puedo, la noche no me deja, ella es la culpable.
Mi esperanza es que esta noche no me asalte ne mis sueños, que el día venga pronto y el afán de la mañana y la tarde no dejen fuerzas para pensar por la noche, para no escribir, para no añorarla.
Y sí, prefiero el día, aunuqe muchos escojan la noche para divertirse, porque sin ella no me suenan a jolgorio, muchos menos a romance. Prefiero el día para mantener mi mente en las ocupaciones, la tarde para mantenerm,e en el afán de lograr mis objetivos, pero no la noche.
De todo esto, ilógico, escrito solo puedo resumir que la noche es la única culpable que nunca podré demandar o enjuiciar y siempre llegará a mi vida.

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